Problemáticas más frecuentes en adultos:
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Diagnóstico diferencial

En algunas ocasiones, uno de los primeros pasos para poder realizar una intervención es el DIAGNÓSTICO dado que nos permite conocer en profundidad a la persona y su problemática.

El objetivo es realizar una valoración inicial para identificar o descartar alguna posible patología y así poder plantear el tipo de intervención más adecuada.

Algunos de los instrumentos que utilizamos para obtener información son:

  • Entrevista clínica
  • Observación directa
  • Registros de conducta y/o de emociones
  • Cuestionarios para padres y profesores
  • Pruebas o tests de evaluación psicológica

Crisis vitales:

Muchos de los motivos de consulta tienen su origen en el afrontamiento de alguna CRISIS VITAL que, en algún momento, todos, experimentamos.

Las crisis se producen ante la llegada de una situación nueva o de cambios bruscos. Normalmente estos cambios son repentinos y acelerados y rompen con la estabilidad que teníamos hasta ese momento, nos cuestionamos nuestros valores, objetivos, creencias y/o conductas.

Esta transición conlleva cierta tensión psicológica pero al mismo tiempo es una oportunidad de evolución, de crecimiento y de maduración personal.

Al hablar de crisis vitales, podemos hablar de:

  • Crisis del desarrollo, predecibles o esperables. Ocurren a lo largo de nuestro ciclo vital y nos producen trastornos afectivos y cognitivos. La más común es la crisis de mediana edad, también conocida como “crisis de los 40” o “crisis de los 50”.
  • Crisis circunstanciales, imprevisibles o inesperadas. Se suelen caracterizar por un inicio repentino que no podemos anticipar y son provocadas por una pérdida – real o posible – de aspectos físicos, psicosociales y socioculturales. Por ejemplo, un divorcio, duelo, quedarse sin empleo, etc…

Ansiedad:

La ANSIEDAD es una respuesta fisiológica que actúa como señal de alarma cuando nos enfrentamos a peligros y nos ayuda a emitir una conducta de evitación, huida o afrontamiento.

Por lo tanto, tener un cierto grado de ansiedad no solo es natural, sino que es necesario al tratarse de un mecanismo defensivo funcional y adaptativo, cuya última finalidad es la de protección.

Cuando este estado es demasiado intenso, frecuente o se prolonga en el tiempo puede transformarse en ansiedad patológica.

En esos casos se desencadenan multitud de síntomas somáticos más frecuentes:

  • Taquicardia y/o palpitaciones
  • Temblores y/o tensión muscular
  • Molestias digestivas, desarreglos intestinales y/o alteraciones de la alimentación
  • Migrañas o cefaleas
  • Alopecia y/o tricotilomanía
  • Insomnio o alteraciones del sueño

Los síntomas cognitivos más frecuentes son:

  • Sentimientos temor o preocupación
  • Sensación de vacío
  • Ideas irracionales acerca de uno mismo, el futuro o el mundo
  • Dificultades de atención, concentración y/o memoria

Los síntomas conductuales más frecuentes son:

  • Respuestas evitativas, agresivas o autodestructivas
  • Bloqueo o torpeza a la hora de actuar
  • Irritabilidad o cambios bruscos de humor

Los Trastornos de ansiedad más frecuentes en población adulta:

  • Trastorno de ansiedad generalizada (TAG)
  • Trastorno por estrés postraumático (TEPT)
  • Trastorno pánico con o sin agorafobia
  • Fobias
  • Trastorno de ansiedad social
  • Trastorno de evitación
  • Trastorno obsesivo compulsivo (TOC)

Estrés:

Como ocurre con la ansiedad, un determinado grado de ESTRÉS estimula el organismo y nos permite alcanzar nuestros objetivos. La principal diferencia que tiene con la ansiedad es que cuando el estímulo que nos ha originado este episodio se elimina, desaparece el estrés.

Cuando el estrés se prolonga en el tiempo, influye en el bienestar y/o comienza a repercutir en la salud de la persona, es importante acudir a un especialista en Psicología.

DEPRESIÓN: De manera errónea suele utilizarse el término DEPRESIÓN como sinónimo de tristeza, sin embargo, en Psicología lo usamos para referirnos a un estado de ánimo patológico. La tristeza es solo un componente más de este Trastorno del estado del ánimo.

Para detectarla es importante prestar atención a sus síntomas:

  • Anímicos: tristeza (el más llamativo), irritabilidad, nerviosismo, sensación de vacío, etc.
  • Cognitivos: Preocupación excesiva, problemas de memoria, de atención y de concentración; pensamientos negativos sobre sí mismos, su entorno y el futuro; ideaciones suicidas.
  • Motivacionales y conductuales: Inhibición, apatía, baja autoestima, dificultad para expresar lo que siente (alexitimia), para experimentar placer (anhedonia) o para tomar decisiones. Puede aparecer lentitud en el habla y en el movimiento, incluso mutismo y parálisis motora en los casos más graves.
  • Físicos: Pérdida repentina de apetito o episodios de atracones , insomnio o excesiva somnolencia y en el deseo y funcionamiento sexual.
  • Interpersonales: aislamiento y rechazo

En cualquier caso,  resulta clave contar con un diagnóstico temprano y realizar un abordaje terapéutico que permita a la persona recuperar su vida.

Depresión:

De manera errónea suele utilizarse el término DEPRESIÓN como sinónimo de tristeza, sin embargo, en Psicología lo usamos para referirnos a un estado de ánimo patológico. La tristeza es solo un componente más de este Trastorno del estado del ánimo.

Para detectarla es importante prestar atención a sus síntomas:

  • Anímicos: tristeza (el más llamativo), irritabilidad, nerviosismo, sensación de vacío, etc.
  • Cognitivos: Preocupación excesiva, problemas de memoria, de atención y de concentración; pensamientos negativos sobre sí mismos, su entorno y el futuro; ideaciones suicidas.
  • Motivacionales y conductuales: Inhibición, apatía, baja autoestima, dificultad para expresar lo que siente (alexitimia), para experimentar placer (anhedonia) o para tomar decisiones. Puede aparecer lentitud en el habla y en el movimiento, incluso mutismo y parálisis motora en los casos más graves.
  • Físicos: Pérdida repentina de apetito o episodios de atracones , insomnio o excesiva somnolencia y en el deseo y funcionamiento sexual.
  • Interpersonales: aislamiento y rechazo.

En cualquier caso,  resulta clave contar con un diagnóstico temprano y realizar un abordaje terapéutico que permita a la persona recuperar su vida.

Duelo:

El duelo es un proceso necesario, nos ayuda a adaptarnos a la pérdida y nos prepara para vivir sin la presencia de la persona. Se trata de una experiencia que todos en algún momento de nuestra vida hemos vivido o estamos predestinados a vivir.

El duelo es un proceso doloroso y cada individuo tiene una forma de vivirlo. Los síntomas que suelen aparecer son:

  • emociones como la tristeza, el enfado, la culpa y autorreproche
  • el bloqueo, la ansiedad, la soledad, la rabia, la impotencia, el anhelo, el alivio, la insensibilidad, el miedo…
  • Pensamientos de incredulidad, confusión, preocupación, alucinaciones breves y fugaces, sentido de presencia, sensación de irrealidad
  • Sensaciones físicas como opresión en el pecho, en la garganta, vértigos, náuseas, temblores, falta de aire, debilidad muscular, falta de energía, vacío en el estómago o sensación de despersonalización
  • Conductas como soñar con la persona perdida, llorar, apatía, desgana, alteraciones del sueño, evitar recuerdos…

Aunque se suela asociar duelo a la muerte o fallecimiento de una persona querida, el dolor y la tristeza pueden presentarse en otras formas:

  • Rupturas sentimentales
  • Pérdida de trabajo
  • Infertilidad
  • Enfermedad
  • Cambio vital

Para manejar esta intensa y a veces desbordante emoción, hay que reconocerla, comprenderla y aprender a conducirla. Cuando esto no es posible y el duelo se vuelve complicado o patológico y se necesita la ayuda de un profesional.

Fobias:

Las FOBIAS forman parte de los trastornos de ansiedad y son miedos muy intensos, desproporcionados e irracionales a una situación, un animal o un objeto.

El miedo no deja de ser una emoción natural necesaria para nuestra supervivencia y la mayor parte del tiempo se convive con él. Una FOBIA es mucho más que un simple miedo ya que el temor es excesivo, la persona se siente extremadamente ansiosa cuando es expuesta al estímulo temido, incluso pudiendo llegar a desarrollar un ataque de pánico.

La persona que lo sufre siente una necesidad abrumadora de evitar todo tipo de contacto con el objeto o situación, el mero hecho de pensar en ese objeto o situación le produce ansiedad.

La variedad de fobias es infinita ya que cada pensamiento es propenso a generar un miedo irracional ante ciertas circunstancias. Pero podemos establecer una clasificación general:

  • Fobias específicas: donde lo que genera miedo es una situación u objeto concreto
  • Fobia a los animales (zoofobia): miedo a los perros, miedo a las arañas (aracnofobia), miedo a las serpientes…
  • Fobias ambientales: miedo a las alturas (acrofobia), miedo a las tormentas (astrafobia)…
  • Fobia a la sangre (hematofobia) o a las inyecciones
  • Fobias de situación: miedo a los aviones (aerofobia), miedo a los ascensores, miedo a conducir (amaxofobia), miedo a estar en recintos cerrados (claustrofobia)…
  • Otros tipos: miedo a contraer enfermedades, el miedo a los payasos o a las personas disfrazadas…
  • Fobia social: donde hay un miedo muy fuerte a ser juzgados por los demás y/o a vivir situaciones embarazosas.
  • La agorafobia que, en un primer momento, puede parecer un miedo a los espacios abiertos o públicos es, en realidad, un miedo a la pérdida de control. El individuo muestra ansiedad al anticipar un ataque de pánico en un contexto en el que le resulte difícil recibir ayuda, por lo que evitará este tipo de situaciones amenazantes para él.

Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC):

El TOC es un trastorno de ansiedad que se caracteriza porque la persona tiene obsesiones recurrentes y actos compulsivos que pueden generar dificultades en su funcionamiento diario.

Suele iniciarse en la adolescencia o a principios de la edad adulta aunque, en algunas ocasiones, puede comenzar en la infancia.

Las obsesiones son pensamientos involuntarios repetitivos y de alta frecuencia que aparecen en nuestra mente sin que lo deseemos. Pueden estar expresados en forma de palabras y frases o imágenes.

Estas obsesiones pueden ir acompañadas de conductas compulsivas y repetitivas como apagar luces, lavarse las manos, ordenar ciertos objetos, etc.

El objetivo de estas acciones es prevenir los pensamientos obsesivos o sentir cierto alivio inicial.

Si no se interviene pronto, la persona puede ver como su vida cambia por completo interfiriendo en las relaciones, trabajo, familia y pareja. Es importante realizar una intervención terapéutica que permita a la persona recuperar su vida.

Síndrome de Asperger:

El síndrome de Asperger es un trastorno neurobiológico del desarrollo que conlleva una alteración en el procesamiento de la información.

El trastorno se presenta de forma distinta en cada persona, pero tienen en común las siguientes características:

  • Dificultades en las relaciones sociales: problemas para hacer y/o mantener amigos
  • Alteraciones en los patrones de comunicación no verbal: no comprenden los elementos no verbales del lenguaje, como por ejemplo, detectar que han dicho algo molesto o incómodo.
  • Intereses restringidos: poca capacidad para interesarse por temas que no les interesa.
  • Inflexibilidad y/o rigidez cognitiva: poca capacidad de adaptación para cambios. Necesidad de rutinas.
  • Dificultades con la pragmática del lenguaje: no entienden bromas, uso del lenguaje literal. Pensamiento lógico.
  • Problemas en las funciones ejecutivas: mala capacidad para planificarse u organizarse.
  • Dificultades para interpretar las emociones propias y ajenas: poca o nula empatía.
  • Alteraciones sensoriales: hipersensibilidad a los ruidos, olores, texturas, luz, etc…

Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT):

El TEPT se origina tras haber sufrido u observado un acontecimiento altamente traumático:

  • Atentado terrorista
  • Violación
  • Asalto, robo o secuestro
  • Accidente
  • Maltrato psicológico o físico

Las imágenes de la situación traumática vuelven a reexperimentarse una y otra vez mediante flashback y se acompaña de intensas reacciones alargadas en el tiempo:

  • Preocupación, miedo intenso, falta de control, alta activación fisiológica, evitación de situaciones relacionadas, etc.
  • Sentimientos de culpa, indefensión, impotencia, ira, rabia u hostilidad.
  • Respuestas de evitación
  • Falta de sensibilidad

Asertividad:

La ASERTIVIDAD consiste en ser capaces de defender nuestros derechos, expresar nuestras opiniones y realizar sugerencias de una manera amable, abierta y directa, respetando a los demás y sobre todo, respetando nuestras propias necesidades.

No ser asertivo puede provocar conflictos interpersonales, frustración, sentimientos de culpa, baja autoestima, tensión, soledad, y pérdida de control.

La asertividad es una parte esencial de las habilidades sociales y se puede entrenar. Muchos problemas que llegan a consulta esconden problemas de asertividad y a su vez, de autoestima, ya que ambos suelen estar relacionados.

Ser asertivo implica ser nosotros mismos, desarrollar nuestra autoestima y mejorar la comunicación interpersonal haciéndola más directa y honesta.

Habilidades sociales:

Hoy en día nos pasamos muchas horas al día interaccionando con otros (familia, compañeros de trabajo, conocidos, amigos, etc.) por lo que tener unas buenas HABILIDADES SOCIALES resulta primordial para poder conseguir desarrollarnos a nivel personal, social, laboral y familiar. Recordemos que el ser humano es social por naturaleza.

Ser habilidoso socialmente implica:

  • Ser asertivo
  • Empático
  • Aceptar las diferencias
  • Ser resolutivo
  • Saber identificar y gestionar las emociones propias y las ajenas
  • Tener buenas habilidades conversacionales
  • Detectar y seguir las convecciones sociales

Adicciones:

El consumo de una sustancia se convierte en ADICCIÓN cuando se produce de manera frecuente, intensa y repetida en el tiempo una relación de dependencia hacia una sustancia, objeto, persona o situación.

Las adicciones más frecuentes que trabajamos en Hábiles son:

  • Consumo de sustancias químicas: hachís, marihuana, etc.
  • Adicción a las nuevas tecnologías
  • Juego patológico
  • Adicción al sexo