Cada curso pasan por Hábiles varios estudiantes en prácticas de diferentes universidades: Universidad de Valencia, Viu, Universidad Europea, Universidad Católica de Valencia, CEU Universidad Cardenal Herrera, Universidad de Zaragoza y, desde el curso pasado han empezado a llegar estudiantes de la Universidad de Padova, Italia.

Maud Kczmarczyk es una estudiante del grado de psicología de la Universidad Europea de Valencia que estuvo colaborando con Hábiles. Además de su memoria de prácticas, nos ha hecho llegar una serie de reflexiones personales sobre su experiencia en los talleres de habilidades sociales e inteligencia emocional.

Nos ha parecido realmente interesante la espontaneidad con la que ha vivido el proceso de prácticas, con una actitud muy abierta y respetuosa hacia todos los alumnos. Nos gustaría compartir en el blog una pequeña selección de sus escritos:

 

“La niñez y la adolescencia son los períodos del ciclo vital que prefiero, porque los niños son muy espontáneos, y los adolescentes son todavía personas frágiles que buscan su identidad. Los tres acontecimientos que voy a contar son aquellos que me han más marcado esta semana. Todos tuvimos que presentarnos. Dije que era francesa. Un chico de 10 años me preguntó: “¿Por qué tienes los ojos así, como los chinos?” (Señalando sus propios ojos con sus dedos e imitando la forma de los ojos asiáticos). ¡Claro! No le cuadraba la información que había dado sobre mi identidad. Me encanta la forma de reflexionar de los niños. Es muy interesante de relacionar la teoría de Piaget con el desarrollo real de estos.”

 

“Co-dirigí un taller en un grupo de medianos y conté un cuento sobre una niña que se puso mala, justo la noche antes de la salida al acuarium con el colegio. Lo sabía ya pero me encanta contar historias, con voces diferentes para desempeñar los personajes, expresando lo mejor posible las emociones, etc. Me encanta ver la mirada de los que escuchan, esperando el desarrollo del cuento. El taller es una oportunidad maravillosa para hacer este tipo de actividades que permite introducir un tema y llevar a los “espectadores” a otro mundo.”

 

“Algunos niños son muy cariñosos. Uno de ellos que tiene TEA siempre nos daba abrazos, a todas las adultas, nos cogía la mano o tocaba nuestro pelo. Al principio, no sabía cómo reaccionar o donde poner el límite, respecto a él y respecto a lo que podrían pensar las psicólogas. Al final observé un poco cómo él se comportaba con ellas, y al revés, y me di cuenta que era algo desapercibido en este contexto. Por lo tanto, a menudo le dejé tocar mi pelo o coger mi mano, pero siempre presté atención a la duración de sus gestos. Y nunca duraron más de algunos minutos, por lo cual no lo vi como algo patológico dentro de su condición. Además, ahora no tengo este prejuicio que las personas con TEA son personas frías que no soportan el contacto físico. La conclusión que siempre vale es que cada individuo es único.”